Julio 20, 2019

Jóvenes de La Paz son contratados como estibadores y ejercen de loros en la frontera

Son bolivianos los que cometen el delito de contrabando e ingresan con camiones con placas de Chile al territorio nacional, informa el viceministerio de Lucha Contra el Contrabando,


Miércoles 2 de Enero de 2019, 11:30am




La Paz, 02 de enero (Christian Rojas, Urgentebo).- Operan en la oscuridad. Cuando nadie los ve. Son jóvenes que no pasan de los 25 años de edad que fueron reclutados por las redes de contrabandistas desde las ciudades de La Paz, El Alto y Oruro para emplearlos, en apariencia, como estibadores. En realidad son loros; es gente que alerta de la presencia de los militares que luchan contra este delito que afecta los ingresos de Bolivia.

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Foto: Opinión.

El paso fronterizo entre Bolivia y Chile es el más sensible en el territorio nacional porque tiene hasta 118 rutas del contrabando en un área de 880 kilómetros. Allí se instaló un puesto militar de avanzada, en homenaje a los sargentos  Vladimir Evan Siñani Ticona, de 24 años de edad, y Fidel Chávez Huarino, de 27, integrantes del Ejército que fueron asesinados “salvajemente” por contrabandistas en Cahuana (Oruro).

Uno de los uniformados militares recibió un disparo en la cabeza y el otro fue encontrado sin vida en Sabaya, también Oruro. El hecho ocurrió el 11 de marzo.

¿Pero cómo trabajan u operan?, es la pregunta que responde  Gonzalo Rodríguez, designado por el presidente Evo Morales como viceministro de Lucha Contra el Contrabando.

“En el día, usan mecanismos primitivos. Es decir prenden fogatas en los cerros y alertan con el humo, eso quiere decir que nadie debe moverse. Todos los vehículos que traen el contrabando se fondean (ocultan) en ese momento”, explica.

Sin embargo, la operación de los contrabandistas es más exquisita en horas de la noche y la madrugada, cuando los traficantes son apoyados por artefactos de última generación como ser drones aéreos y teléfonos satelitales.

Buscan caminos inaccesibles, que se hicieron en distintos lugares. Uno de ellos es paralelo al oleoducto en la región fronteriza de Charaña, considerada histórica, porque en 1975, el  entonces presidente boliviano Hugo Banzer Suárez  y su homólogo chileno Augusto Pinochet, suscribieron un acta para restablecer relaciones diplomáticas, tras la guerra del Pacifico. A ese acto se lo denominó el Abrazo de Charaña.

Son bolivianos los que cometen el delito internacional  e ingresan con camiones con placas de Chile al territorio nacional.

“Una noche, en un operativo detuvimos a dos camiones, nos acercamos y les pedimos que se identifiquen”, cuenta Rodríguez, “Les quité las llaves (de los camiones) y sus cédulas de identidad, me fui a los Patos, que queda a 15 kilómetros de Charaña y sentí que nos perseguían”, añadió.

Tal fue la molestia de los contrabandistas que en dos autos de color negro llegaron donde estaba la autoridad boliviana y amenazaron al viceministro. “Me dijeron: cree usted que los chilenos van a permitir que operen en la línea de frontera”.

Los contrabandistas no actúan solos, tienen sus cómplices, son los comunarios de los pueblos. Tocan las campanas en una comunidad para alertar la presencia de la Fuerza de Tarea Conjunta y algunos comunarios abren sus casas para que éstos guarden la mercancía ilegal o los autos indocumentados.

Los jóvenes de las poblaciones son contratados por las bandas. Los muchachos reciben remuneraciones económicas importantes, se les paga entre $us 50 y $us 100 para que actúen de forma violenta contra los que realizan el control de las mercancías ilegales.

Tienen bombas molotov, los ‘miguelitos’ puntas de acero para votarlos en la carretera y se pinchen las llantas, clavos y vidrio molido, además cuentan con teléfonos de última generación para informar desde los cerros que ocurre y si hay vía libre al contrabando, estos son los ‘loros’, que son reclutados desde las ciudades.

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