Octubre 22, 2018

Guillermo Bedregal Gutiérrez Q.E.P.D

Era un incansable estudioso de la política y su sapiencia en Derecho y Economía le permitía cierta soberbia cuando se dirigía a los periodistas, especialmente “los colgandijas” (los reporteros que llevaban sus grabadoras en los hombros), etiquetados así por su correligionario Rubén Julio.


Lunes 24 de Septiembre de 2018, 11:30am


Pienso que fue uno de los políticos más influyentes en la Bolivia de los años 60-90. No fue de los pioneros de la Revolución Nacional, pero fue uno de sus grandes teóricos dentro de los gobiernos del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR). No lo conocí mucho en la política, sino en el campo deportivo. Era fanático de The Strongest y no se perdía encuentro de su equipo a menos que estuviera muy atareado en sus labores de gobierno o de viaje fuera de La Paz.

En los años 60, aunque era uno de los poderosos del régimen, solía acudir al estadio Hernando Siles con solo su chofer y algún guardaespaldas encubierto. Y no se sentaba en palco, sino en preferencia.

Siempre me llamaba la atención porque andaba con un Rosario en las manos. Nunca sabré si oraba a todas horas o era una manía. Juan Lechín, su ex correligionario político, nunca soltaba un cigarrillo sin encender desde que dejó de fumar.

Era un incansable estudioso de la política y su sapiencia en Derecho y Economía le permitía cierta soberbia cuando se dirigía a los periodistas, especialmente “los colgandijas” (los reporteros que llevaban sus grabadoras en los hombros), etiquetados así por su correligionario Rubén Julio.

Quizás por eso es que los medios de esos “colgandijas” se refocilaron cuando a Bedregal, como todo poderoso presidente de la Corporación Minera de Bolivia, lo enfrentaron los trabajadores en una de sus visitas (creo que fue Catavi) y le hicieron tragar la comida para que compruebe la calidad de los alimentos que comian los mineros.

En los comienzos de los años 70, Bedregal parecía haberse contagiado del fervor revolucionario castrista. En su libro “Los Militares y el Poder” (Pag. 119) fustiga a los uniformados por “el alevoso asesinato del Revolucionario (respeto las mayúsculas) Ernesto (Che) Guevara)…”

Como Bedregal insistió en denunciar (Pag 122) “ese horrible crimen político que es el vil y torpe asesinato del Che Guevara…” el coronel Carlos Fuentes Ergueta, en carta abierta, le preguntó: “¿Qué derecho le asiste para salir en defensa de quienes hollaron el suelo patrio? “…¿Quería Ud. señor Bedregal que a los invasores los recibiéramos con flores, mixtura y serpentinas…?”

En esa misma comunicación Fuentes Ergueta reproduce la carta que Bedregal dirigió en febrero de 1970 al Gral Juan José Torres, que era comandante en jefe de las FF.AA., instándole a tomar el poder para instaurar en Bolivia un modelo socialista, anticapitalista y antimperialista.

“Para lograr la movilización organizada del país, para que las fuerzas del pueblo participen en la lucha y en la responsabilidad de una revolución, se requiere motivarlo políticamente. Esa motivación no puede ser otra cosa que la que nos enseña la ciencia social para una estructura neocolonial como la boliviana: el modelo socialista de liberación…”, escribió.

A la vuelta de unos años, el “socialista” fue uno de los artífices del nauseabundo golpe fascista del Coronel Natush Busch, justo cuando Bolivia celebraba uno de sus más insignes triunfos diplomáticos en la reunión de la OEA en La Paz, sosteniendo que la causa marítima boliviana era un problema continental a ser solucionado.

Todo eso ya es historia. La muerte de Bedregal Gutiérrez entierra sus aciertos y desaciertos en la política boliviana. Quizás de lo único que no se podrá decir de él es que fue un político corrupto, una cualidad que escasea en Bolivia en los últimos tiempos.

(*) Hernán Maldonado es periodista. Ex UPI, EFE, dpa, CNE, El Nuevo Herald. Por 43 años fue corresponsal de ANF de Bolivia.