Agosto 24, 2019

Eulalio Gonzales, el señor de los nevados

La experiencia hace al maestro, dice Don Eulalio que llegó a dominar nevados como el Illimani, Huayna Potosí, Condoriri, Pomarape, entre otros. Fuera del país, llegó a conquistar el nevado Ojos del Salado de Chile y Aconcagua (cuatro veces)  de Argentina.


Lunes 18 de Marzo de 2019, 10:00am




La Paz 18 de  marzo (Urgentebo.com).- He llegado a dominar las montañas”, dice Eulalio Gonzales, guía de montaña que conoce al detalle los nevados  de la cordillera Los Andes, pues asciende y baja de los picos desde hace 35 años.

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Eulalio Gonzales, montañista

Gonzales enfrentó y sobrevivió a los peligros de las montañas, una de ellas lo vivió en el Sajama, donde una tormenta eléctrica estática cayó cerca suyo. Lo dejó sin sentido entre 15 y 20 minutos, al reaccionar volvió a la tarea de guiar a los turistas. “La tormenta eléctrica es la más peligrosa”.

Sobre las tormentas de viento, el montañista dice que: “no es tan peligroso, aunque es fuerte. Hay que aprender a manejar el equipo y el piolet, con ellos puedes agarrarte y frenar”, explicó entre sonrisas. 

La neblina frustra la continuidad del recorrido y se pierde horas esperando que mejore las condiciones. Hay casos en que las tormentas de neblina, desorientan. “Cuando se nubla no se ve nada”.

Las montañas le llamaron la atención desde que es niño, cuando  viajaba a Zongo junto a su padre y hermano. Veía a través de la ventana del vehículo cómo la gente subía las montañas, cómo escalaba el Huayna Potosí. 

Comenzó como un hobby. A los 16 años tuvo su primera experiencia escalando precisamente el Huayna Potosí, sin equipo de seguridad. Y nunca dejó de escalar.

A los 21 años se capacitó para mejorar la técnica de este deporte de alto riesgo. Pasó cursos  en la Federación Boliviana de Esquí y Andinismo y  tomó cursos internacionales de guías de montaña. 

La experiencia hace al maestro, dice Don Eulalio que llegó a dominar nevados como el Illimani, Huayna Potosí, Condoriri, Pomarape, entre otros. Fuera del país, llegó a conquistar el nevado Ojos del Salado de Chile y Aconcagua (cuatro veces)  de Argentina. 

El nevado Illampu fue el más difícil de dominar para el andinista. “Es una de las montañas más técnicas,  tiene  una pared de hielo de 300 metros y una dificultad de desnivel de 90 grados,  es parado, hay que saber manejar el piolet,  una vez que se llega a la cresta, se tiene una nieve muy copada ante  cualquier falla puedes caerte a la izquierda  o derecha. Es bien expuesta la cresta, llevar al cliente en esas condiciones, por lo menos por siete horas, es muy peligroso”.

Cada montaña tiene sus particularidades. Por ejemplo, el Huayna Potosí tiene peligrosas grieta, que sorprenden a los turistas que a veces llegan a caerse.

“Estaba cruzando las grietas, pero uno de mis clientes, que era gordito, se cayó al fondo, tenía que sostenerlo, poner mi estaca. Cuando la persona se cae  comete el error de ponerse nervioso, se balancea, grita, trae más consecuencias,  tenía  que tranquilizarlo explicarle como iba a sacarle”, dijo.

Turistas norteamericanos  e italianos son los que más le buscan. De ellos, Eulalio dice que son disciplinados y respetuosos de las instrucciones. “Si le dices que se queden ahí, lo hacen. Son más tranquilos”.

Ahora bien, lograr que el turista asiático corone la montaña es alentador. Los chinos y japoneses son los más persistentes, ellos tienen el principio de seguir hasta el final. “Si ya no pueden, hay que jalarlos”.

Sin embargo, esa posición estoica puede ser un peligro pues el cansancio, el calor y las horas de trabajo, pueden causar algún accidente.

Don Eulalio está preparado para tratar a los visitantes nacionales e internacionales, pues domina el inglés. Y, naturalmente, que habla su idioma materno: aymara.

Hace décadas, para ganar experiencia, comenzó con el montañismo; en una de las subidas tomó contacto con los turistas, a quienes ayudó a cargar las mochilas. Ahora es instructor y fundador de la Asociación Andina de Promotores  de Turismo en Aventura y Montaña  donde da las cholitas escaladoras aprenden del maestro de las montañas.

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