Diciembre 09, 2018

Barranquilleras, su situación no mejora, demandan derechos

"Las condiciones no han mejorado, al contrario ahora las mujeres entran a las minas y sus vidas corren mayor riesgo” dijo Ana María Aranibar, representante de la Coordinadora Nacional de la Red y de Mujeres Mineras de Bolivia.


Jueves 22 de Noviembre de 2018, 7:00pm


La Paz, 22 de noviembre (Soledad Mena-Urgentebo).- La situación de las mujeres mineras barranquilleras no cambia. Cada vez hay más mujeres que se dedican a esta actividad iLa formal. Ellas buscan ser reconocidas por el Estado para mejorar su situación laboral que conlleva riesgos y ocasiona enfermedades crónicas. 

En el Norte de La Paz (Chima, Tipuani, Chukini, Odontuluni, Guanay Llipi) hay aproximadamente 500 barranquilleras auríferas. Las barranquilleras son mujeres que trabajan en los ríos que arrastran los desechos de las cooperativas mineras. Lavan y relavan las arenas o “lama” todo el día hasta encontrar oro.  

“Trabajamos en el rio lavando arena en una batea para sacar oro. Para nosotras es bien sacrificado, porque nos metemos al rio hasta el cuello” dijo María Flor Soto, dirigente de la Asociación Integral de Barranquilleras del municipio de Guanay que aglutina a 60 afiliados, de los cuales 50 son mujeres y 10 son varones.

Soto manifestó que las y los barranquilleros trabajan en las peores condiciones al no estar reconocidos por el Estado, no cuentan con un seguro médico, no hacen aportes a las AFPs,  son discriminadas por las mujeres cooperativistas, son calificadas como ladronas y son humilladas por usar la tierra que las cooperativas botan.

“Nos discriminan a las mujeres que somos más pobres (…).  Hay que esperar el rio para alimentar a nuestros hijos”, dijo Soto. 

Maira Flores, dirigente de las barranquilleras de la Asociación de Mujeres 27 de Mayo  del municipio de Chima, dijo que los bajos ingresos económicos que perciben (Bs 40 a 200, a veces, al día) no les permite  adquirir equipos de seguridad de trabajo, la necesidad les obliga a ingresar al rio contaminado de mercurio usando chinelas y ropa liviana exponiéndose diversos tipos de enfermedades.

“Estamos expuestas al cáncer (de pulmón, matriz y mama) e infección urinaria, y los varones a la tuberculosis, igual corremos el riesgo de ser contagiadas”, dijo.  

La situación no cambia, dice Flores que lleva 20 años como barranquillera. Buscan otras alternativas económicas pero el lugar no las favorece, la tierra no les permite dedicarse a la producción agrícola por la contaminación de mercurio y la inestabilidad del suelo.

Para mejorar sus ingresos económicos tienen que atacar las pozas de las cooperativas mineras auríferas del sector, algunos de estos les permiten ingresar por una hora a las pozas para encontrar oro en los deshechos, pero hay cooperativas que no  permiten que ingresen las barranquilleras, pues ellas no son asociadas ni dependen de las cooperativas.

“A veces no tenemos autorización  para entrar a las cooperativas mineras. Nos reunimos las 250 mujeres y se entra a la fuerza a las pozas. En julio, agosto y septiembre son los meses donde  es más seguro encontrar oro”, apuntó.  

En las pozas las mujeres corren el riesgo de morir por los derrumbes, o a veces las retro excavadoras las sepulta. “Mueren cuatro mujeres al año, mueren tapadas por el derrumbe”, subrayó Soto, quien pide derechos para ellas.

 Falta de formalidad

Hay problemas de salud, educación y violencia que sufren las mujeres mineras  en Bolivia. En concreto, las mujeres barranquilleras son las que trabajan en las peores situaciones y no va a mejorar esa situación mientras no haya una política de formalización.

“Es muy difícil mejorar su situación. Hay que empezar en  formular políticas públicas”,  dijo Ana María Aranibar, representante de la Coordinadora Nacional de la Red y de Mujeres Mineras de Bolivia.

“Las condiciones no se ha mejorado, más bien al contrario ahora las mujeres entran a las minas y corren más riesgo sus vidas”, dijo Aranibar, representante de la Red.

Para la Coordinadora la minería de pequeña escala tiene problemas, de manera que desde hace años tratan de visibilizar el trabajo de ellas  para lograr mejores sus condiciones haciendo talleres, capacitándolas y formando líderes.