Noviembre 19, 2017

Una familia convive con 23 ñatitas y alienta una comunidad de favores

Cada 8 de noviembre se rinde culto a los cráneos que, según la tradición, conserva el alma que responde a los cuidados del portador. El semanario El Compadre visitó una casa donde, cada ñatita tiene un nombre, y tiene “poder diferente” para sus devotos.


Miércoles 8 de Noviembre de 2017, 12:00pm


Ñatita2.2017.JPG

Una de las personas devotas de las ñatitas (Urgentebo)

La Paz, 08 de noviembre (Rosio Flores, Urgentebo).- Una por una. Así llegaron las 23 ñatitas hasta las manos de doña Ana Orihuela (+), una mujer que acogió en su hogar cráneos de seres humanos y que le fueron dejando, en su mayoría, por estudiantes de medicina que percibían que tropezaban en sus estudios, porque no atendían a las calaveritas, ya que éstas, es sabido, son celosas

Doña Ana falleció en diciembre del año pasado. Era un referente por su habilidad para la lectura en naipes y velas; ayudaba a quienes buscaban mejorar su situación y atraer la buena suerte, salud, trabajo, amor y prosperidad en el negocio. Ayudada por las ñatitas, lograba dar la respuesta a esas personas.

“Mi mamá estudiaba y tenía una ñatita, entonces mi abuelita se apropió de ella y le hacía mucho sueño, ella contaba que había soñado con un hombre que le pedía que se aleje de mi abuelo y así mi abuelo comenzó a enfermarse. Así, una conocida de mi abuela le regaló otra ñatita que se llama Pedro y desde entonces mi abuelita comenzó con la lectura de naipes y a trabajar con sahumerios”, relató Katehrine, nieta de doña Ana.

Ella explicó que cada una de las 23 ñatitas tiene una habilidad diferente, por ejemplo a Pedro le piden prosperidad en el negocio, a Genaro le piden por salud.

Así la familia de doña Ana aprendió a convivir con los cráneos; se desconoce su procedencia, pero se presume que eran de personas olvidadas por sus familiares.

La familia destinó un cuarto de poco más de 4X4, la oscuridad reina en el ambiente. En una mesa grande están las ñatitas, una sobre otra, en pequeñas urnas y con sus nombres. Al pie se observa velas prendidas, comida, bebida, coca,  cigarrillos y flores, que son llevados por quienes recibieron favor o van por ellos a la casa de mamá Ana.

Los ruidos son característicos en la casa, sobre todo cuando cae la noche, dice Katherine quien señala que ya están acostumbradas a ello. “Una vez salió toda mi familia, yo  me quedé sola y comencé a sentir ruido, sentía que la gente caminaba, bajé y no había nadie. Mis vecinos le reclamaban a mi abuela que hay gente que charla, golpea la pared, pero mi abuela no había llevado a nadie a la casa”, contó.

Con un ritual, la hija de doña Ana, Celia, heredó la habilidad para hacer el mismo trabajo que realizaba su mamá. Cientos de creyentes acuden a su casa para prender velas y pedir sus favores, casi todos los días y cada día tiene la puerta abierta.

Cada año, las 23 ñatitas son festejadas con una misa de preste en el cementerio general. Los pasantes son las personas que acuden a la casa de la familia de doña Ana después de haber recibido un favor.

“Los pasantes y mi familia llevamos a las 23 ñatitas al cementerio, les hacemos escuchar misa y nos quedamos dos horas, ahí se acercan muchas personas para regalarles coronitas y otros obsequios. Luego nos vamos a un local para celebrar la fiesta ofrecida por el pasante”, contó Katherine.

La festividad de las Ñatitas es un rito que se celebra cada 8 de noviembre en agradecimiento a los difuntos por los favores y cuidados que reciben de estos.

Se conoce que el rito data de la época precolombina antes de la llegada de los colonizadores españoles, era realizado con chullpas.

De acuerdo a la concepción andina, la muerte del cuerpo no implica la desaparición del “ajayu”.