Diciembre 12, 2017

El debate es otro

Mientras la oposición actual continúe con su política del insulto, desaprobación y humillando la inteligencia de su gente, seguirá cavando mucho más la profunda fosa en la que ya se encuentra, con el riesgo de convertir “la luz al final del túnel” en un patético suicidio político


Domingo 3 de Diciembre de 2017, 7:00pm


Desde que el TCP abrió el camino para la repostulación del Presidente Evo, se ha consolidado un debate que me temo no corresponde a la realidad, sobre que si es válido o no que Morales vuelva a candidatear, si es o no constitucional, si la democracia está en peligro o no. El verdadero debate aquí es la eterna crisis en la que se arrastra la oposición desde que Evo llegó a la Presidencia de Bolivia.

Sistemáticamente, como si se tratara de un tema velado, los líderes de opinión, los periodistas y actores políticos de oposición no ponen en debate alguno a la oposición y la multiplicidad de derrotas que ha ido sufriendo desde el 2006. Se concentran en todo lo que gira alrededor de Evo y su gestión hasta el último detalle, no se trata de un análisis crítico constructivo, de uno destructivo que busca debilitar su gestión a toda costa, observando sobre si lo hizo bien o no, prueba de ello son las fotos que tomó un fotógrafo opositor al Presidente Morales, capturando sus gestos con la intención de dotarle a la furibunda oposición en las “redes” material sobre el cual generen burlas contra él.

Lo que aquí está en cuestión, no es la popularidad de Evo, no es decirle nuevamente al gobierno de Morales un “no” rotundo, sino la incapacidad de una clase política liberal, que poco ha cambiado desde el 2006, que es incapaz de plantearle a sus bases un alternativa política real que pueda al menos plantearle competencia a Evo. Cada vez que la oposición construye su discurso alrededor de la democracia, de la supuesta dictadura, del voto nulo y demás pretextos vuelve a ratificar la impotencia política en la que se ahoga desde hace 12 años.

La desvalida oposición en Bolivia lo ha intentado todo para sacar a Evo de Palacio, desde un golpe de Estado hasta la aplicación de un violento marketing político en base a la construcción de medias verdades y no lo ha logrado, consecutivamente ha ido perdiendo, una y otra vez, por la debilidad de su posición, repite obtusamente la misma receta que le impuso al país en la década de los noventa, sigue siendo la misma, los líderes los mismos y lo que es peor reniega de su origen, no es capaz de reconocer con dignidad lo que son: políticos neoliberales que quieren recuperar el poder y que son tan populistas o caudillistas como califican peyorativamente a Evo.

La patética ausencia de al menos un candidato, un partido y un proyecto opositor real, ha hecho que se instaure con facilidad un debate ficticio, que tiene la posibilidad de crear cierta cohesión en las insatisfechas masas opositoras, permitiéndoles camuflar en la falsa unidad contra Evo, sus debilidades ideológicas y orgánicas, siendo escasas o casi inexistentes las voces que piden concentrarse en crear esa alternativa, que para ser sinceros, no se va dar nunca con los actuales líderes políticos, que venden humo y no propuestas, primero porque todos quieren ser presidentes; segundo, no tienen el apoyo suficiente como para poder hacerle frente al MAS y tercero son tan egoístas y ególatras que no se tragan entre ellos ni con aceite.

Lo que la oposición no quiere reconocer en público, tampoco los medios opositores, mucho menos sus “analistas”, es que este vacío está generando un alto nivel de frustración en sus bases que se está manifestando en acciones violentas, con destrozos en las calles (intentos de toma de instituciones en Santa Cruz), insultos y racismo en las redes sociales. Es probable que este estado situacional esté siendo maquiavélicamente promovido por los mismos líderes que han decido concentrarse en construir un escenario de caos en el país, que justifique la salida de Morales sin que ellos se vean en la necesidad de competir y así reasumir el mando de la nación, devenidos en la única alternativa ante la caída del MAS.

Más allá de concentrarse en que si Evo estornudó, quién escribe sus tuits o la de manipular a una juventud que en el fondo actúa por “tendencia” antes que orgánicamente; los opositores políticos y mediáticos deberían estar tratando de copiar al menos un diez por ciento de lo que el MAS logró en todo este tiempo, antes y en medio de su gobierno, consolidar una ideología y capacidad de organización efectiva con la virtud de unirse contra su adversario político por encima de sus propias diferencias, como lo exige siempre el propio Evo Morales.

Mientras la oposición actual continúe con su política del insulto, desaprobación y humillando la inteligencia de su gente, seguirá cavando mucho más la profunda fosa en la que ya se encuentra, con el riesgo de convertir “la luz al final del túnel” en un patético suicidio político. La verdadera revolución en la oposición es destruirse a sí misma y volver a construirse sin la herencia y presencia negativa de su propio pasado.

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